Un lunes a primera hora, alguien pide “el Excel de clientes” por WhatsApp porque “urge para la junta”. No es una escena de película: pasa en PYMEs reales. Y ese pequeño atajo —un archivo enviado sin control, un acceso compartido, una copia en un USB— suele ser el inicio de una fuga de datos o de un incidente de ransomware.

Cuando hablamos de “mejores soluciones de seguridad de datos”, no se trata de comprar una herramienta “grande” y darlo por resuelto. Se trata de combinar controles que cubran tres frentes a la vez: prevenir accesos no autorizados, limitar el impacto si algo falla y poder recuperar la operación con rapidez. En una PYME, además, hay una realidad adicional: tiempo y presupuesto son finitos, así que la seguridad tiene que ser práctica y sostenible.

Qué significa “seguridad de datos” en una PYME

La seguridad de datos no es solo “evitar hackers”. Incluye evitar errores internos (un clic en phishing, un adjunto reenviado, una contraseña reutilizada), controlar accesos (quién puede ver, editar y descargar) y garantizar continuidad (si se cifra el servidor o se borra una carpeta crítica, ¿cuánto tardas en volver?).

El enfoque más efectivo suele ser por capas: identidad, dispositivos, red, aplicaciones y copias. Cada capa reduce el margen de error de la anterior. La clave es elegir soluciones que trabajen juntas y que tu equipo pueda operar sin fricción excesiva.

1) Identidad y acceso: MFA, SSO y mínimos privilegios

En la mayoría de incidentes modernos, el atacante no “rompe” nada: entra con credenciales válidas. Por eso, la primera inversión que suele dar retorno inmediato es reforzar identidad.

La autenticación multifactor (MFA) es el estándar mínimo para correo, VPN, paneles de administración y cualquier aplicación con datos sensibles. Si tu empresa aún depende de “usuario y contraseña”, el riesgo es desproporcionado.

El siguiente paso es el inicio de sesión único (SSO) con políticas centralizadas. No solo reduce contraseñas sueltas; permite revocar accesos en minutos cuando alguien cambia de puesto o sale de la empresa. Y si lo combinas con “mínimo privilegio” (cada persona accede solo a lo que necesita), limitas mucho el daño cuando una cuenta se compromete.

El trade-off aquí es cultural: habrá resistencia inicial (“me tarda más entrar”). Se compensa con una buena configuración (recordar dispositivo, políticas por riesgo) y con procesos claros para altas, cambios y bajas.

2) Cifrado: en tránsito y en reposo (y con buena gestión de llaves)

El cifrado protege cuando el dato sale del lugar “ideal”: un portátil perdido, un disco extraído, una copia enviada por error. En PYMEs, conviene pensar en dos capas.

Primero, cifrado “en tránsito”: correo y aplicaciones deben usar conexiones seguras (TLS) y, cuando se comparten archivos, hacerlo desde repositorios controlados en vez de adjuntos sin trazabilidad.

Segundo, cifrado “en reposo”: portátiles y equipos con información crítica deben tener cifrado de disco. En servidores o almacenamiento, el cifrado también ayuda, pero su eficacia depende de algo que a menudo se pasa por alto: quién controla las llaves. Si la misma cuenta que administra todo también administra llaves, el atacante que compromete esa cuenta puede saltarse la protección.

El matiz importante: el cifrado no sustituye control de accesos ni copias. Protege el dato, pero no evita borrados, corrupción o ransomware.

3) Backup 3-2-1 con copias inmutables y pruebas reales

La pregunta que separa a una empresa preparada de otra vulnerable no es “¿tienes backup?”, sino “¿cuánto tardas en restaurar y con qué garantía?”. Un esquema 3-2-1 sigue siendo una referencia útil: 3 copias, en 2 medios distintos, con 1 copia fuera de línea o aislada.

En ransomware, lo decisivo es que exista una copia que el atacante no pueda cifrar ni borrar. Por eso se buscan copias inmutables (WORM) o repositorios con retención y credenciales separadas. Y tan importante como el almacenamiento es el proceso: restauraciones de prueba. Muchas PYMEs descubren el día del incidente que el backup “sí corría” pero no era recuperable.

Aquí el trade-off suele ser coste vs. tiempo de recuperación. No todas las cargas necesitan el mismo RTO/RPO. Un ERP y el correo pueden requerir recuperación en horas; archivos históricos quizá toleren un día. Priorizar evita gastar de más.

4) Protección de endpoints: EDR y control de dispositivos

El endpoint es donde ocurre el trabajo… y donde aterriza el phishing. Un antivirus tradicional ya no basta frente a técnicas de “living off the land” (uso de herramientas legítimas del sistema para atacar).

Un EDR (Endpoint Detection and Response) aporta visibilidad y capacidad de respuesta: detección por comportamiento, aislamiento de equipos, contención automática y trazabilidad de lo que pasó. En una PYME, esto marca diferencia porque reduce el tiempo entre infección y reacción.

Compleméntalo con control de dispositivos (USB) y políticas de endurecimiento: aplicaciones permitidas, macros restringidas, parches gestionados. El equilibrio está en no bloquear el negocio: si hay áreas que realmente necesitan USB, se puede habilitar con registro, cifrado y permisos específicos.

5) DLP y clasificación: evitar fugas “accidentales”

La pérdida de datos no siempre es un ataque. A veces es un archivo sensible enviado al destinatario equivocado o subido a un repositorio público.

Las soluciones DLP (Data Loss Prevention) ayudan a detectar y frenar estas situaciones mediante reglas: datos personales, financieros, listas de clientes, documentos con patrones específicos. Funcionan mejor cuando se combinan con una clasificación simple: qué es “confidencial”, qué es “interno” y qué es “público”.

El matiz: un DLP mal configurado genera ruido y frustración. Para PYMEs, la recomendación es empezar con pocos casos de alto impacto (por ejemplo, datos personales y financieros) y ajustar con el uso. Menos reglas, pero bien afinadas.

6) Seguridad del correo y concienciación: el binomio que más ahorra incidentes

El correo sigue siendo la vía más común de entrada, especialmente en fraude tipo BEC (suplantación de proveedores o dirección). Filtrado antiphishing, análisis de adjuntos y enlaces, y políticas SPF/DKIM/DMARC reducen mucho el riesgo.

Pero hay un límite: siempre se colará algo. Por eso, la concienciación no debe ser una charla anual, sino microhábitos: verificar cambios de cuenta bancaria por canal alterno, no aprobar urgencias sin validación, reportar correos sospechosos con un botón, y entender que “si parece demasiado normal” también puede ser fraude.

El trade-off es tiempo. La forma de hacerlo sostenible es con sesiones cortas, ejemplos reales del sector y métricas sencillas (clics en simulaciones, reportes correctos, tiempos de respuesta).

7) Monitorización, logs y respuesta: saber qué pasó y actuar rápido

Cuando hay un incidente, la diferencia entre “un susto” y “una semana parada” suele ser visibilidad. Registrar accesos, cambios de permisos, actividad en servidores, eventos en endpoints y alertas de identidad permite detectar patrones: inicio de sesión desde ubicaciones inusuales, creación de reglas de reenvío en correo, o escaladas de privilegios.

Para PYMEs, un SOC 24/7 puede parecer “demasiado”, pero hay opciones escalables: monitorización con alertas críticas, retención de logs adecuada y un plan de respuesta a incidentes realista. Un plan útil no es un documento largo: define quién decide, qué sistemas se aíslan, cómo se comunica internamente y qué se restaura primero.

Aquí hay un punto sensible: si no hay responsables claros, la reacción se convierte en debate. En una crisis, eso cuesta dinero.

Cómo elegir las mejores soluciones de seguridad de datos (sin comprar de más)

La selección depende del tipo de dato y del modo de trabajo. Una empresa con personal en campo y portátiles fuera de oficina necesita priorizar cifrado de disco, EDR y acceso seguro. Una empresa con mucha información de clientes y documentación compartida debería poner énfasis en DLP, permisos y trazabilidad.

También importa el estado actual: si no hay MFA y backups probados, empezar por ahí suele ser más sensato que desplegar controles avanzados. La seguridad no es un “salto”, es una escalera.

En CDMX y Naucalpan, además, es frecuente que la infraestructura sea híbrida (algo en local, algo en nube). En ese escenario, lo crítico es que la política sea única: identidades centralizadas, copias con alcance a ambos mundos y visibilidad transversal.

Si necesitas ayuda para priorizar y operar estas capas sin convertirlo en un proyecto eterno, en LaNet solemos trabajar con PYMEs para aterrizar un plan por fases: primero lo que reduce el riesgo más rápido, luego lo que mejora control y madurez.

Una última idea antes de volver al trabajo

Si hoy tuvieras que demostrar quién accedió a un archivo sensible, cuándo salió de la empresa y cómo lo recuperarías si se borra o se cifra, ¿podrías responder con hechos y tiempos? Esa pregunta, más que cualquier herramienta, te indica por dónde empezar.