El incidente suele empezar igual: un correo “urgente” que pasa por una bandeja de entrada con prisa, una contraseña repetida “solo por esta vez”, o un portátil sin cifrar que sale de la oficina. En PYMEs, el problema no es falta de intención. Es que la seguridad compite a diario con la operación, y si no se diseña para convivir con ella, acaba perdiendo.

Estas mejores prácticas para la seguridad de la información no buscan convertir tu empresa en un búnker. Buscan algo más útil: reducir el riesgo real sin bloquear el trabajo, con controles que se puedan sostener en el tiempo y que encajen con el tamaño y el presupuesto de una PYME.

Qué significa “seguridad de la información” en una PYME

La seguridad de la información es proteger la confidencialidad, integridad y disponibilidad de los datos que hacen funcionar tu negocio: información de clientes, facturación, nóminas, contratos, propiedad intelectual, accesos a bancos, correos y sistemas internos.

En la práctica, no se trata solo de “evitar hackers”. También incluye errores internos, accesos excesivos, proveedores con permisos sin revisar, y decisiones técnicas que parecían razonables cuando la empresa tenía 10 personas y hoy ya no lo son. Aquí conviene ser honesto: el objetivo no es eliminar el riesgo, es gestionarlo con criterio.

Mejores prácticas para la seguridad de la información (sin frenar la operación)

1) Inventario de activos y datos, antes de comprar herramientas

Si no puedes responder “qué sistemas tenemos, dónde están y qué datos guardan”, cualquier inversión en seguridad será a ciegas. Un inventario básico incluye equipos (portátiles, móviles), servidores, aplicaciones (incluidas SaaS), cuentas críticas, y datos sensibles.

El matiz importante: no todo requiere el mismo nivel de protección. Clasificar información (por ejemplo: pública, interna, confidencial, crítica) permite priorizar. La seguridad eficiente empieza por aceptar que proteger “todo igual” suele ser la forma más cara de proteger “mal”.

2) Principio de mínimo privilegio y revisión periódica de accesos

Muchas brechas no ocurren por un exploit sofisticado, sino porque una cuenta tenía más permisos de los necesarios. Aplica mínimo privilegio en correo, carpetas compartidas, ERP, CRM, banca en línea y paneles de administración.

Lo que suele fallar no es el alta, sino el mantenimiento: usuarios que cambian de puesto, cuentas de ex-empleados, accesos temporales de proveedores que se vuelven permanentes. Una revisión trimestral de permisos en sistemas críticos reduce riesgo de forma tangible y cuesta menos que “otra herramienta”.

3) Autenticación multifactor (MFA) como estándar, no como excepción

Si tu empresa usa correo corporativo y herramientas en la nube, MFA es de las decisiones con mejor relación impacto-esfuerzo. Prioriza cuentas con poder: administradores, finanzas, RRHH, y cualquier usuario con acceso a información sensible.

Hay un trade-off real: MFA puede añadir fricción. La solución no es desactivarlo, sino elegir métodos adecuados (app autenticadora, llaves físicas para roles críticos) y preparar un proceso de recuperación de cuenta que no dependa de “mandar un WhatsApp al de sistemas”.

4) Copias de seguridad probadas y con protección frente a ransomware

Las copias no son un archivo que “se hace” y ya. Son un proceso que se prueba. La práctica más útil es diseñar backups con tres ideas: versionado, aislamiento y verificación.

Aislamiento significa que, si un ransomware cifra tu red, no pueda cifrar también las copias. Verificación significa restaurar de forma periódica, aunque sea una muestra: un servidor, una base de datos, una carpeta crítica. El día del incidente, el “teníamos backup” solo vale si puedes recuperar.

5) Gestión de parches con ventanas realistas

Actualizar sistemas es incómodo porque interrumpe. Pero posponer indefinidamente es pagar intereses de riesgo. Para PYMEs funciona bien definir ventanas: por ejemplo, parches críticos en 72 horas, parches importantes en 15 días, y el resto en un ciclo mensual.

No todo se puede parchear sin impacto. En sistemas legacy o aplicaciones “del proveedor de toda la vida”, la mejor práctica es compensar: segmentar la red, limitar accesos, monitorizar más, y planificar una modernización con fechas.

6) Endpoints gestionados: cifrado, EDR y control de dispositivos

El portátil de un director comercial vale tanto como un servidor si lleva correos, propuestas y accesos guardados. Asegura cifrado de disco, bloqueo automático, y una solución de detección y respuesta (EDR) que vea comportamientos anómalos, no solo “virus conocidos”.

Aquí también hay que ser prácticos: si el personal usa móviles para correo y archivos, necesitas una política clara (y aplicable) de gestión de dispositivos. No siempre hace falta un MDM complejo, pero sí reglas: qué se puede sincronizar, cómo se revoca acceso y qué pasa si se pierde un equipo.

7) Segmentación de red y WiFi para reducir “efecto dominó”

En muchas PYMEs todo está en la misma red: impresoras, equipos, servidores, cámaras, invitados. Eso convierte cualquier incidente pequeño en un problema grande. Separar por segmentos (servidores, usuarios, invitados, IoT) limita el movimiento lateral de un atacante y también contiene errores internos.

La segmentación no es solo un tema de switches. Requiere pensar flujos: quién necesita hablar con quién, por qué puertos, y qué se bloquea por defecto. Es menos visible que otras medidas, pero suele ser de las que más “daños evita”.

8) Protección del correo y entrenamiento contra phishing basado en escenarios reales

El correo sigue siendo la puerta principal: suplantación de proveedores, cambios de cuenta bancaria, adjuntos maliciosos, enlaces a páginas clonadas. La parte técnica (filtros, reputación, bloqueo de macros, políticas DMARC/SPF/DKIM) es clave, pero no basta.

La formación funciona cuando es específica: ejemplos de tu sector, tu forma de comprar, tus proveedores habituales. Y cuando se acompaña de un canal fácil para reportar sospechas sin miedo a “quedar mal”. En seguridad, el silencio cuesta.

9) Registro y monitorización: ver antes de que duela

Muchas empresas descubren incidentes semanas después, al ver un cargo extraño o un cliente reclamando. Tener logs centralizados de sistemas críticos (correo, firewall, servidores, aplicaciones clave) permite detectar patrones: inicios de sesión desde ubicaciones raras, creación masiva de reglas de correo, escaladas de privilegios, o transferencias de datos fuera de horario.

No hace falta empezar con un SOC gigante. Empieza con lo que puedas atender: alertas accionables, responsables definidos, y un procedimiento de triage. La monitorización sin capacidad de respuesta se convierte en ruido.

10) Plan de respuesta a incidentes y simulacros cortos

Cuando ocurre un incidente, el tiempo se comprime. Nadie recuerda dónde estaban las copias, quién tiene acceso a la consola, o qué proveedor gestiona el dominio. Un plan sencillo, escrito y accesible, evita improvisación.

Incluye contactos, pasos para aislar equipos, criterios para apagar sistemas (sí, a veces conviene y a veces es peor), comunicación interna, y decisión sobre notificación a clientes o autoridades según el caso. Un simulacro de 60 minutos al semestre suele revelar más debilidades que meses de debates.

El factor que más se subestima: terceros y cadena de suministro

En PYMEs es común delegar nómina, facturación, marketing, soporte técnico o desarrollo en proveedores. Eso no es malo. Lo peligroso es dar accesos permanentes sin condiciones.

Pide lo básico: cuentas nominales (no compartidas), MFA, alcance limitado, y revisión de permisos cuando termina un proyecto. Y si un proveedor necesita conectarse por remoto, define cómo, cuándo y con qué registro. La seguridad no se externaliza por completo: se comparte.

Cómo priorizar si tienes recursos limitados

Si hoy tuvieras que elegir, prioriza lo que más reduce impacto de forma inmediata: MFA en cuentas críticas, backups recuperables, gestión de parches, y control de endpoints. Luego, segmentación y monitorización. La formación debe ir en paralelo, porque el comportamiento humano atraviesa todo.

El criterio útil no es “qué está de moda”, sino “qué evita pérdidas reales en nuestro contexto”. Una empresa con datos de pacientes, por ejemplo, debe endurecer privacidad y trazabilidad; una empresa con foco en pagos debe blindar procesos de transferencias y aprobación.

Cuando conviene apoyarse en un partner

Implementar estas prácticas requiere continuidad: mantener parches, revisar accesos, responder alertas, probar restauraciones. Si tu equipo interno no da abasto, un servicio gestionado puede convertir la seguridad en un proceso estable en lugar de un proyecto que se abandona.

En LaNet trabajamos con PYMEs para aterrizar controles de seguridad que convivan con la operación diaria, con un enfoque práctico de soporte, outsourcing y ciberseguridad en entornos reales. Si quieres valorar un plan por fases, puedes conocer más en https://lanet.mx.

El punto no es “tener más seguridad”, sino tener la adecuada para el negocio que quieres operar: una que se mantenga, se audite y se adapte cuando cambian tus sistemas, tu equipo y tus riesgos. La seguridad bien hecha no se siente como una barrera; se siente como tranquilidad para decidir y crecer.